El discurso de Claudia Sheinbaum en el Monumento a la Revolución en CdMx contra la presunta injerencia de Estadios Unidos, sintetiza la estrategia política y mediática para las elecciones intermedias de 2027. Se trata de una narrativa perversa para revertir el daño causado a Morena y a los gobiernos de la 4T con la solicitud de detención con fines de extradición de 10 morenistas con presuntos vínculos con el Cártel de Sinaloa para producir y traficar drogas al vecino país del norte.
Lo dicho por la presidenta en el mitin político con motivo del aniversario del triunfo en las urnas se puede catalogar como “una obra maestra” del maniqueísmo para zafarse del estigma de ser narcopartido, narcogobierno o narcoestado.
Ante el riesgo de perder elecciones en las 17 gubernaturas, la mayoría absoluta de la Cámara de Diputados, congresos locales y presidencias municipales, construyeron el discurso de la defensa de la soberanía nacional.
El engranaje de la 4T preparó el terrero jurídico para introducir una reforma la constitucional para incluir la causal de nulidad de una elección por presunta injerencia extranjera (EU) -casualmente una propuesta ‘genial’ de Ricardo Monreal– y asegurarse la lealtad de los magistrados del TEPJF, ampliándoles los cargos hasta por 18 años.
La joya de la corona de esta narrativa para quitarse el estigma de nacrogobierno y narcopartido fue colocar la bandera electoral contra la intervención de la “ultraderecha” de Estados Unidos, aliada -subrayó la presidenta- con la “ultraderecha” mexicana, todo lo que se oposición al gobierno de la 4T, es la “ultraderecha”.
“Ultraderecha” mexicana aliada a la “ultraderecha” de EU, contra el nacionalismo de la transformación y de la soberanía nacional, ese es el discurso banderazo electoral para las elecciones del 2027, para quitarse de encima la marca del narco.
Empezaron esa estrategia con la gobernadora de Chihuahua, María Eugenia “Maru” Campos, al emprender una feroz campaña para acusarla de “traidora de la patria” por la presencia de agentes de la CIA en un operativo en aquella entidad para desmantelar un megalaboratorio del Cártel de Sinaloa.
En esa campaña estaba la presidencia de la república y el aparato mediático de Morena cuando se conoció de la solicitud del Departamento de Justicia para captura con fines de extradición del gobernador Rubén Rocha Moya y nueve morenistas más.
La lista de extraditables incluyó a un General en retiro experto en contrainteligencia, Gerardo Mérida, quien se entregó a la justicia de la Unión Americana y compareció el lunes 1 de junio ante una Corte en Nueva York.
El gobierno de la 4T, en respuesta, se envolvió en la bandera nacional para defender la soberanía, y con ella, al presunto narcogobernador Rocha Moya, y blindarse ante el creciente rumor de que vendrían más solicitudes de extradición de una “ola” de políticos con presuntos vínculos con cárteles mexicanos.
En el discurso presidencial y las acciones de reformas a la constitución, el gobierno de la 4T hizo de la crisis por las acusaciones de narcopolítica un área de oportunidad para emprender una campaña que el impida perder las elecciones intermedias.
Sheinbaum y Morena delinearon así una campaña electoral del encono para no perder las elecciones, al llevar la polarización a su máxima expresión, con la maniquea disyuntiva de los votantes en las urnas en 2027: ultraderecha de EU o soberanía nacional de la transformación.
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