La presunta izquierda en Morena no solo ha perdido los principios de la solidaridad internacional con las causas democráticas del mundo, sino también la vergüenza al apoyar a regímenes totalitarios como el de Venezuela y a dictaduras como la cubana y la nicaragüense.
Del caso más cercano es la crisis política y de derechos humanos en Venezuela donde el chavista Nicolás Maduro a cometido el más aberrante y brutal fraude electoral, así como la más sangrienta represión a los ciudadanos que salieron a las calles a defender la democracia electoral.
Es una vergüenza que medio de comunicación en México identificados con la “izquierda” y ligados al gobierno de la 4T, no solo ha guardado silencio sobre la represión, sino que respalda con titulares de primera plana en las ediciones impresa el “triunfo irreversible de Maduro”.
Nicolás Maduro busca imponer su reelección mediante un fraude electoral con la complicidad del Consejo Nacional Electoral que incumplió con la presentación de las actas computadas, a las 48 horas posteriores a los comicios como lo establece Constitución en ese país.
Pero no solo eso, el chavista utiliza a la Sala Electoral del Poder Judicial bajo su control, para un supuesto arbitraje sobre los resultados electorales, usurpando funciones del CNE, para legalizar el fraude electoral.
Y no se trata de ninguna manera de avalar a ciegas el triunfo de los opositores que postularon a Edmundo González, sino de transparentar por los órganos electorales de Venezuela el presunto triunfo de Nicolás Maduro, porque los votos computados en actas no lo favorecen, y el represor no presenta a los venezolanos y al mundo las actas que demuestren que ganó la reelección.
Es inaudita la represión y persecución a los ciudadanos venezolanos que vigilaron las elecciones o formaron parte de los equipos de campaña del candidato opositor, y por ese simple hecho son secuestrados, golpeados y encarcelados con la acusación de delitos absurdos.
Los equipos de inteligencia policial y militar ejecutan una brutal persecución casa por casa de jóvenes, mujeres y hombres, que ejercieron su derecho democrático de asociación para respaldar a un candidato.
Son más de dos mil los venezolanos presos acusados por el represor Maduro como “criminales” sin derecho a una defensa jurídica, detenidos por el propio Maduro de estar “adiestrados en Chile, Perú o Argentina”, acusaciones cobardes y sin fundamento de un sátrapa que es aplaudido y apoyado por los mexicanos identificados con Morena y la 4T.
He leído comentarios de seguidores de Morena en grupos de WhatsApp que justifican las acciones represivas de Maduro, y el propio fraude electoral, como una acción necesaria “para impedir que el gobierno de Estados Unidos se apodere del petróleo venezolano”, ¡hágame el favor!.
Es impresionante el silencio de las fuerzas progresistas de México, de hombres y mujeres demócratas, y la indiferencia de los ciudadanos, que no levantan la voz a favor de los derechos humanos y democráticos violentados en esa nación sudamericana.
En contraste países de la región han levantado la voz, como el joven presidente socialista de Chile, Gabriel Boric; el izquierdista Gustavo Petro, de Colombia, o el propio mandatario brasileño Luiz Inácio Lula da Silva.
El organismo electoral venezolano, el simil del INE en México, a una semana de las elecciones presidenciales, no mostró las actas del cómputo electoral como lo obliga la ley, ni el propio Nicolás Maduro para demostrar el supuesto triunfo que le atribuyó con un madruguete el CNE.
María Corina Machado, la líder opositora, y el candidato presidencial Edmundo González, hoy viven en la clandestinidad en Venezuela, mientras que las garantías constitucionales han sido suprimidas por el gobierno de Maduro, persiguiendo y encarcelado a los ciudadanos opositores.
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Face: Pablo Ruiz Meza
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