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Ilegalidad traerá un conflicto civil

Nada Personal/Pablo Ruiz Meza

La “fiebre” de las pre campañas presidenciales y las actitudes de los principales protagonistas ya rayan en el cinismo por la forma tan vulgar de violar reiteradamente las leyes y la Carta Magna. Esta “epidemia” se ha extendido impunemente a los estados donde habrá elecciones para renovar gubernaturas, congresos locales y presidencias municipales, así como los distritos federales.

Al margen de la legislación electoral, las campañas ya están en marcha, lo mismo desde el gobierno de la república, los gobernadores, legisladores y alcaldes en el territorio nacional.

Las campañas son ilegales por violatorias a la legislación vigente, porque así están las normas legales y reglamentos, y en otros casos, contenidos en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Es desde el Palacio Nacional donde empiezan las violaciones reiteradas a las leyes electorales y a la Carta Magna, y le siguen los aspirantes a las candidaturas presidenciales de partido oficialista Morena, lo mismo que los opositores del PAN, PRD y PRD del Frente Amplio por Puebla, así como los dirigentes de los partidos políticos.

Las prácticas electorales ilegales se extienden a los tres órdenes de gobierno, principalmente por actos de corrupción al utilizar los recursos humanos y materiales de los gobiernos a favor de los aspirantes a las candidaturas presidenciales, pero también a las gubernaturas.

La ilegalidad por la violación de las leyes locales y federales se ha convertido un “cáncer” mortal que está acabando con las instituciones, la moral, la civilidad y la política, que solo llevará al canibalismo tribal que le está causando graves daños a la nación.

Ver al presidente de los mexicanos en el Palacio Nacional exhibiendo presuntas encuestas de preferenciales electorales a favor de su partido que lo llevó al poder, es ya francamente enfermizo y una reiterada invitación a imponer la ley del más fuerte, en este caso, quien ostente el poder.

Se utilizan los recursos públicos de los mexicanos, y las instituciones del Estado desde el poder público, para arengar a sus seguidores contra los opositores, en un lenguaje de linchamiento que tendrá graves consecuencias porque ese mensaje llega a las calles con sed “justiciera” de “hacer patria” y “eliminar al contrario”.

Ese encono y odio, lamentablemente, llegará a los hogares, a los centros de trabajo, al ejido, a los barrios y colonias, a las cafeterías, restaurantes, centro de convivencia, actos deportivos y culturales, en los templos religiosos, etcétera, y será catastrófica para la sociedad mexicana.

Apaciguar al país durante y posterior a las elecciones presidenciales de 2024 será muy cuesta arriba, y lo peor que le puede pasar al país es que repita episodios de cruentas batallas desgarradoras como las ocurridas en España.

El país está en el momento idóneo para llamar a la serenidad, a la paz, la concordia y la sana competencia política, sobre la base de respetar la ley, de no hacerlo a tiempos habrá arrepentimiento y se necesitará más que un Pacto de la Moncloa.